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CARMEN BARBIERI Bravísima


Después de su mediática separación de Santiago Bal -infidelidad de él incluida- la vedette y jurado de "ShowMatch" ahonda en su estado anímico. Asegura que no tendrá más pareja y que, aunque se siente "fracasada", está aprendiendo a perdonar. Además, habla de sus colegas del jurado.
Una mujer engañada Habla del dolor que le causó la infidelidad de su marido, Santiago Bal. Dice que siente fracasado su proyecto de familia, y que quienes creen que todo esto es promoción "tienen un grave problema".
Marina Zucchi
mzucchi@clarin.com
Como las agujas de una máquina de coser, sus tacos infinitos se clavan a la perfección, escalón por escalón. La dueña de esas "agujas" ruidosas admite que una vez, una única vez, en el Teatro Astros, falló la precisión y ella rodó 33 escalones abajo.

Sonrisa impostada y vuelta a empezar. Más que metáfora de la caída, Carmen Barbieri hace apología del saber levantarse. Separada de Santiago Bal, infidelidad de por medio tras 25 años de matrimonio, miente de nuevo una sonrisa y se sincera: "Estoy tratando de aprender a perdonar".

Cuestión de piel. Acaba de calzarse una segunda epidermis, una tela de nylon transparente que se le incrusta en ese cuerpo morrudo tan bien llevado. La otra vez jurado de ShowMatch (El Trece), ahora en reemplazo de Graciela Alfano, pasa de oscura a luminosa. Sabe camuflar entre purpurina ese "desgarro" que dice sentir luego del "engaño" de su marido -20 años mayor- deslumbrado por una muchacha llamada Ayelén Paleo. En su otra piel, la verdadera, lleva -jura- la tristeza y un tatuaje chino que habla de la felicidad. "Paz es felicidad y ese proverbio me viene bien ahora", advierte. Y desempolva la rabia: "Tengo dolor. Veinticinco años de construcción de una familia maravillosa y pensé que era para toda la vida. Que nada sea para siempre, ese es el gran dolor.

El dolor del olvido, del dejar de amar, de la mentira", suelta antes de las preguntas. Como si la entrevista sirviera de desahogo.

¿En situaciones así, realmente se puede dejar de amar? Yo no. El me dejó de amar hace mucho tiempo. Me estoy dando cuenta ahora que me bajan las fichas. Cuando uno deja de querer, no sabe por qué deja de hacerlo.

Yo pensaba que éramos una pareja que no estaba en crisis. Yo preguntaba, ¿Estamos en crisis? Porque este año estuvimos realmente tambaleando. Para nada, estamos distantes, me corregía él. Ni siquiera distanciados. Cada uno hacía sus cosas individualmente. El iba a comer con su hija y no me invitaba a mí. Nos habíamos dividido dentro de la pareja. Eramos dos grupos.

Muchos piensan que esta es una minificción, una construcción que puede servir para promocionar tu nueva obra. ¿Qué respondés a eso? Eso es un problema de ellos. Un grave problema de ellos. A mí el público siempre me creyó. ¿Por qué va a dejar de creerme cuando estoy pasando un mal momento? Estoy muy triste aunque no parezca, porque trabajo de cómica, humorista y capocómica. Trabajo de mujer que te hace reír, entonces ¿Por qué me voy a poner a llorar frente al público? A los 56 años, la nieta de Guillermo Barbieri, el guitarrista de Carlos Gardel que murió junto a él en el accidente de Medellín, la hija del capocómico Alfredo Barbieri, inventa muecas felices para la cámara aunque su discurso no sea coherente con su gesto. "Yo siempre entrego todo, ese es el problema.

Creo que demasiado. Pero nadie me puso un revolver en la cabeza.

Yo fui para Santiago su mujer, su enfermera, socia, compañera. Di todo porque quise. El ya me dijo No voy a agradecerte de rodillas toda la vida. El quiere ser feliz y está bien", monologa. "Es una cabeza muy joven la suya: eso de el pasado pisado. Ya está. ¿Y todo lo que uno hace por el otro? Es historia vieja.

Yo me operé hace poco de un tumor en el útero. Y no me preguntó cómo salieron los estudios, si era cáncer o no. Si hubiera sido al revés yo hubiera estado al lado", se lamenta.

¿El error es esperar del otro la misma entrega? Sí. Uno lo hace por amor y lamentablemente espera que el otro lo haga por uno. El error es esperar, porque el otro es otro. No sos vos.

Y siente de otra manera. Yo no es que no quiera entregar más, voy a seguir queriendo a mi gente, pero a nivel de pareja ya no más. Es como cuando depositás algo en el banco y no encontrás nada. Es como un corralito... Pienso no tener más pareja.

¿Esa no es una sentencia demasiado severa con vos? Siempre lo dije. Cuando Santiago estaba tan grave, al borde de la muerte, el comentario que yo le hacía a mis amigos era Si se muere, es el último hombre de mi vida.

Vos decías no poder manejar el "dejar de querer". ¿Podés manejar el no enamorarte? No lo sé, pero sé que ese es el último hombre que comparte conmigo una cama, una vida, una casa.

Yo deposité todo en él. ¿Cómo explicarlo? Yo no voy a volver a armar una familia. Yo ya hice una familia y no me fue bien. Por suerte recuperé a mis amigos. Me esperaron 25 años, que no cenara con ellos, que no fuera a los cumpleaños porque Santiago no quería. Eramos una pareja que se movía en bloque.

Eso pasó hasta el verano. Del verano a hoy empezó a no preguntarme dónde estaba. Ni a llamarme por teléfono ni a preguntarme dónde ni cómo me había ido. La cabeza la tenía en otra cosa, y está bien, es humano.

¿Hiciste un mea culpa? Sí. Yo fracasé como mujer dentro de la familia, porque armé una familia con la que pensé que iba a terminar mi vida. Ahora empiezo a vivir una nueva vida sola. Sola no, en realidad, estoy llena de amigos y tengo gracias a Dios a mi mamá y a mi hijo que es un sol, Federico.

La historia tuvo excesiva pantalla: Barbieri descubrió un mail de Bal a la luego mediática señorita ("Te amo, soy un idiota, te extraño, muero por vos", decía el escrito) y el culebrón explotó. Siguieron compartiendo el escenario de Bravísima y, previsiblemente, fueron éxito en boletería. Muchas amas de casa esperaban a Bal a la salida del teatro con el insulto preparado.

Un día, él pidió perdón en escena.

Y llegó la desconfianza de una parte del público. ¿Puro marketing? "¿Cómo voy a querer yo ventilar un engaño? Rolo Puente siempre le decía a él Cuidá a Carmen, que pasa uno más joven con la moto y se la lleva ... Y pasó al revés", vuelve sobre el tema. "Desde antes yo intuía que algo pasaba, pero él me miró a los ojos, me agarró la mano y me dijo Yo nunca en la vida a vos te haría eso.

Me quedé más tranquila, pero lo había hecho. Ahora, que te griten de un camión Chau cornuda es duro. Pero la mayoría de la gente se solidariza. A mí también me pasó, me dicen.

Entre dimes y diretes, la tercera en discordia la acusó a Barbieri de "haberle robado el marido" a la entonces esposa de Bal. "Como una leona", Carmen contraataca: "Santiago se había separado y empezamos a salir. Y yo le avisé a mi novio de entonces de todo esto. Siempre fui fiel. Y no me costó serlo".

La velocidad de sus días le ayudan a pensar en algo más que su "corazón partido". Mientras ultima detalles de Barbierísima, la revista que estrenará en Mar del Plata en diciembre (Ver Una revista...), volvió a la maquinaria ShowMatch, como jurado de Bailando por un sueño. "La gente va a estar esperando en mi espectáculo una humorada con mi desgracia y la habrá. No me duele hacer humor con mis desgracias o mis defectos. Al contrario. Soy cruel. Soy de un humor negro, me castigo. La gente se ríe de mis defectos y yo también", narra superada.

"A ShowMatch volví después de que pasara lo siguiente. Estuve como jurado al principio de año, pero me fui de viaje un fin de semana y los vuelos se complicaron por las cenizas. Me reemplazó (Marcelo) Polino y quedó. Y está bien, ahora soy yo el reemplazo y espero que Graciela (Alfano) vuelva", comenta sin entrar en polémica, pese a que alguna vez lo culpó de robarle el trabajo. Imposible no preguntarle por esa mujer a la que este año se la señaló por un vínculo con el represor Emilio Massera. "Yo no me meto en su pasado. Es algo doloroso lo que se toca, es una herida abierta que nunca cerrará y como tengo respeto por esos familiares que sufrirán toda la vida, no hablo de eso", esquiva.

Desde aquella vacuna que la sacó del "raquitismo" de niña, el cuerpo de la rubia creció y creció.

Con ese cuerpo XL supo "detener las balas" de "la miseria", cuando más de diez años atrás, desocupada y endeudada, se encargó de sacar adelante a su familia. El ciclo Movete la devolvió a la popularidad y la ubicó en ese estante de señora real cuyos kilos juegan a favor. "El físico me importa, no puedo negarlo y más cuando estoy a punto de debutar en teatro, que es cuando quiero estar más ágil.

Soy grandota, gordota, pero bajé seis kilos estas semanas. Una señora recién me pidió Dame la receta. Y le contesté: Casate con Santiago", dispara.

A Tinelli le debe su otra vuelta al ruedo en pantalla. En 2006 la simpatizante de Huracán, la misma que se crió entre camarines y hoy ostenta su compañía teatral, bailó por un sueño "cuando pesaba 86 kilos y entraba en la menopausia".

Hoy se jacta de dar trabajo a "cualquiera que quiera llegar sin pisar cabezas". En la gestación de su cuarta revista (luego de Vedettísima, Fantástica y Bravísima), que incluirá desde baile ruso hasta caño, la mujer que "si hubiera sufrido un accidente y no pudiera caminar, sería boletera. O sonidista, o bordadora, cualquier disciplina ligada al teatro" dice que ahoga sus penas de amor sobre las tablas.

Dijiste hace cuatro años que uno podía sobreponerse a todo: a la obesidad, a la miseria, a las muertes. ¿Al engaño? No lo dije. ¿Viste? Se ve que esa palabra no estaba en mi vocabulario. Uno puede seguir adelante, pero no con la misma persona. Le pasarías factura a cada rato y, por respeto al otro, aunque él no te haya respetado, no se puede volver.

En cuanto tengo un momento libre, pienso y lloro. Es bueno llorar, pero tanto, no creo. Estoy aprendiendo a sobrevivir. Y a perdonar y perdonarme.
 
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