
Sorpresivamente, la actriz, de 36 años, murió ayer a la tarde de un paro cardiorrespiratorio, que habría sido provocado por un aneurisma.
La hija de Cris Morena y Gustavo Yankelevich tenía tres hijos y un modo humilde que la volvía muy querible en el medio.
Un adiós antes de tiempo
Desconsuelo A causa de un paro cardíaco, producido por un aneurisma, a los 36 años, murió Romina Yan, hija de Gustavo Yankelevich y Cris Morena.
La lloran sus fans de todo el mundo.
Estaba casada con Darío Giordano y tenía tres hijos.
Su apellido, Yankelevich, es sinónimo de televisión en la Argentina. Hija de Gustavo y de Cris Morena, bisnieta de Jaime y nieta de Samuel Yankelevich, actriz, y madre de tres hijos, Romina Yankelevich murió ayer, a los 36 años, de un paro cardiorrespiratorio que, según informaciones extraoficiales -ya que a pedido de la familia no hubo un parte médico-, habría sido originado por un aneurisma.
Según se pudieron reconstruir las últimas horas de Romina, a media tarde estaba en un gimnasio de avenida Del Libertador y Alvear, en la localidad de Martínez, haciendo su rutina de ejercicios diarios. De pronto, se sintió mal, y conforme a algunas versiones, de inmediato, un amigo que compartía con ella la actividad en el lugar, la llevó en auto al Hospital Central de San Isidro. Otras versiones dicen que la descompensación se produjo en la calle, cuando ya había salido del gimnasio. De cualquier modo, lo que es seguro es que Romina llegó al hospital, ubicado a quince cuadras del gimnasio, a las 17.35, ya sin vida. Como indica la práctica médica, allí intentaron reanimarla, durante cincuenta minutos. Pero su corazón no respondió a las maniobras.
El fiscal Diego Callegari intervino de oficio, y se presentó en el Hospital Central de San Isidro con el objetivo de entrevistar al amigo que la trasladó en auto hacia ese centro médico, a fin de conocer los hechos en detalle.
El primer familiar en llegar al hospital fue su padre, Gustavo Yankelevich. Alrededor de las 19, su mamá, Cris Morena, se descompensó apenas entró en el centro médico. A ella, la noticia la sorprendió en los estudios Pampa, de Martínez, donde se graba su ciclo Casi ángeles (Telefe). En el desconsuelo familiar, también se apresuraron a llegar su hermano Tomás y Darío Giordano, su esposo y padre de sus tres hijos, Franco, Valentín y Azul.
Nacida en una familia de excelencia televisiva, supo abrirse paso para construir una carrera que tuvo reconocimiento internacional. En 1991, comenzó como bailarina en Jugate conmigo, el ciclo que conducía su madre, quien le permitió presentarse al casting pero sin revelar que se trataba de su hija hasta el momento en el que quedó elegida.
Luego, tuvo otros trabajos como, por caso, Mi cuñado y Quereme.
Pero el gran éxito y la enorme popularidad le llegaron con Chiquititas, el programa infantil en el que interpretó a la directora del hogar de huérfanos. Fue su padre quien le insistió para que aceptara ese rol. Y, según ella misma contó, a él no podía decirle que no.
La relación entre ambos era de un cariño enorme. "Amo a mi papá con locura", había declarado Romina hace poco más de dos años en una entrevista de María Laura Santillán en Clarín. En esa nota se destacaba que Gustavo Yankelevich fue la única persona que presenció los tres partos de Romina. "Fue al único que llamé y el que estuvo conmigo desde el principio hasta el final. Llamé a mi papá, porque no quería que mi marido manejara", explicó ella.
Después de Chiquititas, Romina transitó propuestas para público adulto como fueron, por ejemplo Amor mío y B& B, Bella y Bestia, hasta que su mamá volvió a tentarla con un papel en un ciclo para adolescentes, Casi ángeles. Le dijo que sería por cinco capítulos, pero el carisma de ella fue más fuerte y se impuso durante mucho tiempo.
Grandes figuras del medio se solidarizaron ayer con el dolor de su familia. A las 19.50, Susana Giménez llegó al hospital de San Isidro.
Una hora más tarde, la hija y la nieta de Susana. También estuvo Ricardo Montaner, muy cercano a Gustavo Yankelevich, cuya empresa, RGB, produce sus shows en la Argentina.
Como señal de duelo, Marcelo Tinelli decidió no salir al aire con ShowMatch(Ver página 4). Cabe recordar que Gustavo Yankelevich fue, justamente, quien lanzó a Tinelli a la conducción televisiva en los años `90, en Telefe, en el horario de la medianoche.
Sin velatorio, la familia decidió pasar la noche junta, acompañando a los tres hijos de Romina. Sus restos serán sepultados hoy, al mediodía, en un cementerio privado de la zona de Pilar.
El dolor de todos ellos es atroz. El único consuelo es que Romina había aprendido a sacarle jugo a la vida, a todos y cada uno de los minutos que el destino le regaló. En la citada entrevista de Clarín, en relación a su padre, había dicho: "Discuto con él por cosas del laburo. Había épocas en que pasábamos una o dos semanas sin hablarnos por orgullosos. El me llamaba y yo le decía: `No creas que me olvidé? Y volvíamos a arrancar. Ahora pensamos que la vida es corta y hay que decir lo que sentimos". Nadie podía sospechar entonces que la vida fuera tan extremadamente corta para Romina, pero tuvieron la sabiduría de sospechar que, en cualquier caso, nunca hay más que el presente, y supieron disfrutarlo.
« Producción y textos: Adriana Bruno, Silvina Lamazares, Adriana Schettini, Sandra Commisso, Marina Zucchi y Marisol Parnofiello.
La relación con su padre: confianza y un gran amor
Intimidades de un vínculo El la llevaba al colegio todos los días, y estuvo en sus tres partos; ella confesaba tranquila: "Yo asumo mi Edipo".
E l tenía 25 años cuando nació Romina. En el momento en que le mostraron a la bebé, cuenta, la vio igualita a él. Ese instante fue el comienzo de una relación inquebrantable, amorosa, un vínculo que se notaba en el simple hecho de ver a Romina con su papá, ese hombre importantísimo de la televisión que para ella era ni más ni menos que "su" papá.
La similitud fue creciendo con el tiempo, y con la admiración, mucho más allá de lo que indicaban los patrones genéticos, que también se hacían evidentes. "Tengo los ojos de él, y somos parecidos en el carácter, pero más que nada porque yo fui tomando cosas de él (...) Yo asumo mi Edipo", confirmaba la hija de Gustavo Yankelevich en junio de 2008, durante una entrevista que concedieron juntos a María Laura Santillán, para el suplemento Mujer de Clarín.
"Nunca tuve una etapa de desenamoramiento de mi papá. Creo que siempre lo amé y lo amo con locura", admitía ella mientras él, más discreto, acotaba que "Es mutuo. Creo que Ro no tiene idea de cuánto la quiero". Para Yankelevich no importaba si ella era mejor o peor actriz, mejor o peor cantante: "tiene una familia divina, más orgullo que eso no hay", decía.
Ella contaba, cada vez que se presentaba la ocasión, que su padre la llevó todas las mañanas al colegio hasta que terminó quinto año: "todos los días de mi vida, así se acostara a las cinco de la mañana". O, como relató en otra nota de este diario: "Por ahí había días que en el camino yo le decía `papá me indispuse, andá ya a la farmacia, por favor’. Y él iba a la farmacia y le pedía a la empleada `envuélvalo en un paquetito, porque se lo tengo que llevar a mi hija a la clase’. Y entraba al aula para dármelo. Ese era él.
Mi papá no es un tipo inalcanzable... Es mi papá, es un papá como todos".
Un dato quizá alcanzaría para reflejar la profunda confianza que se tenían. Fue el que le dio a Santillán en aquella nota: su padre fue la única persona que entró a sus tres partos. Para él, hubo solamente un error en la relación con su hija: "fue con el tema de la anorexia, yo no sabía cómo manejarlo. La traté con dureza hasta que me dijeron que lo único que ella estaba esperando era amor. Ahí hice un cambio enorme".
Impulsivos, discutían por temas de trabajo y llegaron a pasar dos semanas sin hablarse.
Pero él apreciaba las opiniones de Romina. Y ella lo respetaba tanto como lo adoraba. Terminaban riendo juntos, siempre.

