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Marina Bellati "Tengo personalidad de contadora"


Criada en un ambiente hippie, dice que se volvió muy organizada y responsable. Se luce en teatro y divierte con su personaje de "Malparida".

Sandra Commisso
scommisso@clarin.com

Al principio, le fui aportando cosas mías al personaje y ahora los autores ya le ponen mis muletillas". Marina Bellati habla de Noelia, la empleada que personifica en Malparida (a las 21.30, por El Trece). La chica de ojos grandes y gestos de culebrón (la compulsión de Noelia, como ex fumadora, de fumar lapiceras todo el tiempo es obsesivamente divertida) cuenta entretelones de ese mundo de ficción donde la historia tiene tono de comedia."Me da mucha gracia componer ese personaje. Ese grupo de oficinistas son los que descomprimen tanto drama, aunque a ellos también les pasan cosas tremendas", cuenta la actriz.

Bellati, como lo ha hecho desde que empezó su carrera, reparte su trabajo entre la tira de televisión que protagoniza Juana Viale y el teatro. Marina también forma parte del elenco de Todos eran mis hijos, la obra de Arthur Miller que dirige Claudio Tolcachir en la calle Corrientes. "Por suerte, siempre el trabajo me generó más trabajo", dice. Y agrega: "Estoy orgullosa de que cuando llegué a la tele por primera vez, hace unos años, fue porque un productor me vio actuando en un teatro para ocho personas".

La actriz participó en ciclos de TV como Mañana vemos y Laboratorios Dormevú, junto a Mex Urtizberea, y Los Roldán y El tiempo no para, entre otros. "En Pol-ka hice un casting para el personaje de Noelia que estaba delineado mínimamente y con Sabrina, la hermana de Adrián Suar, nos reímos mucho cuando lo terminamos de armar", señala.

Acostumbrada al teatro o a los papeles más chicos en televisión, la exposición que le da estar en la tira más vista de la televisión no deja de sorprenderla: "Es impresionante cómo abarca a varias generaciones. Incluso la ven muchos hombres que me saludan y me hablan del personaje".

El ritmo vertiginoso que implica una tira diaria resulta un desafío para Marina: "La pasamos bien a pesar de los volantazos sobre la marcha que te impiden repetir. Hay algo de esa efectividad que me estimula. La urgencia me hace bien porque es un ejercicio que te obliga a resolver.

Y eso me hace crecer mucho como actriz".

Criada en una granja hippie en Don Torcuato, Marina creció entre tres hermanos de las respectivas familias ensambladas de sus padres y un ambiente muy lúdico. "Siempre me gustó actuar y me disfrazaba con la ropa que tenía mi mamá, que es diseñadora". También recuerda que durante muchos años no tuvo televisor en su casa. "Yo pensaba que iba a ser cantante. Me gustaba tanto que me regalaron un micrófono a los 11 años. Y era uno que había sido de Nacha Guevara, un lujo; todavía lo tengo".

El espíritu bohemio que respiró en su casa hasta los 15 años ahora se le transformó en lo contrario: "Soy muy obsesiva y responsable. Tengo personalidad de contadora. Creo que fue mi manera de organizarme después de esa etapa.

Ahora me considero muy trabajadora y super exigente. Incluso no tengo representante porque creo que nadie me puede representar mejor que yo". Y asegura que no le gustan las vacaciones porque se aburre: "Me gusta viajar, pero no estar sin hacer nada. Me encanta trabajar".

A los 16 años empezó a estudiar teatro con Nora Mosenco, más tarde con Ricardo Bartís y después con Manuel Lillo durante el tiempo que vivió en España. Pero, además, estudió dos años de Letras ("me encantaría retomar") y se recibió de locutora. "Era una forma de poder ganar algo de plata antes de poder vivir de la actuación. Así que grabé varias publicidades para radio".

Después llegó la época de gastar los escenarios de muchas salas. Trabajó en Teatro para pájaros, dirigida por Daniel Veronese, hasta llegar al reciente premio ACE por su rol en Todos eran mis hijos. "Para la obra de Miller me convocó Tolcachir y fueron tres meses intensos de ensayos que se superpusieron con el inicio de las grabaciones de Malparida. No tengo un día libre, estoy agotada, pero me siento feliz porque puedo hacer lo que me gusta. Además, en esta profesión nunca sabés cuándo vas a tener trabajo así que hay que aprovechar cuando aparece la oportunidad", dice.

En la obra de Veronese le tocó pisar el escenario junto a Diego Gentile, su gran amigo, con quien curiosamente hoy comparte la obra de teatro y también la tira. "Ya son como tres veces que nos toca hacer de pareja (en Malparida no). Nos conocemos tanto que somos como hermanos". (Ambos comparten, además, el trabajo en la serie on line Plan V). Otra curiosidad es que su compañera en la ficción, Juana Viale, también fue su compañera en los últimos años de la secundaria. "Nos fuimos de viaje de egresadas juntas", recuerda.

Divertida y con tics que le prestó a su personaje, Marina cuenta la anécdota de su nombre: "Durante el embarazo, mi mamá soñaba con llamarme Bianca porque era fanática de Bianca Jagger. Decía que iba a tener las mismas iniciales que Brigitte Bardot. Pero mi papá, al que le gustaba ir al Hipódromo, ganó una apuesta con un caballo que era montado por la jocketta Marina Lezcano, muy conocida en ese momento, justo cuando yo nací. Y decidió bautizarme Marina. Menos mal que es un lindo nombre".

 
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