
Mariana Cayón Toca la quena y y pudo llevar la música instrumental a los festivales.
Fue Consagración en Cosquín.
Gaspar Zimerman
gzimerman@clarin.com
Mariana Cayón empezó a tocar la quena casi por casualidad: su papá había comprado el instrumento para sí mismo pero fue ella, la nena de la casa, la que se encaprichó en sacarle sonido. Resultado: a los pocos meses era alumna de la Escuela Provincial de Música de Cafayate, su ciudad, y unos años más tarde se iba a vivir a Salta capital para estudiar flauta traversa -lo más parecido a una quena que figuraba en el programa- en el Conservatorio de Música. "A los 17 años vi que quería vivir de esto y empecé a pelearla, como todos los músicos. Al principio fue difícil por ser mujer e instrumentista: el folclore es un ambiente muy masculino y los instrumentistas no somos festivaleros: los organizadores nos miran mal porque no divertimos".
La táctica fue clara: buscar el equilibrio entre lo artístico y lo popular, y tener temas atractivos para el público de los festivales, una de las máximas fuentes laborales de los folcloristas. Con esa receta es que, a los 30, Cayón se enorgullece al decir que vive de la música sin dar clases y sin haber tenido que acompañar a un cantor. Su último disco, Simplemente, es una muestra clara de su estrategia para captar audiencias. Al frente del grupo Amalgama -quinteto masculino de cuerdas y percusión encabezado por su marido, Quito Leccese-, toca ritmos folclóricos tradicionales como zambas, huaynos y chacareras, pero también se manda un tango (Adiós Nonino), un popurrí de boleros (Algo contigo, Historia de un amor, Y volveré), de ritmos brasileños de carnaval (Fogo e paixão, Festa do interior) y hasta el primer movimiento de la Sinfonía n° 40 de Mozart.
"Mi propuesta es sacar a la quena del ambiente andino y trasladarla a otras músicas y colores: la música es un idioma universal y el folclore es un género dentro del cual pueden haber muchos otros géneros. La gente se engancha y aplaude". Uno de los riesgos de esa idea es perder identidad y que todo termine sonando parecido, como música funcional sin matices. Cayón lo sabe: "Sí, se corre ese riesgo.
Pero yo no quiero representar a una identidad en particular. Y toco respetando los parámetros del folclore. No creo que llegara a tocar jazz o rock. Ni cumbia, un ritmo que últimamente se metió mucho en nuestro folclore, pero a mí no me interesa".
Hace años que figura en el calendario de festivales y es número puesto en Cosquín, donde en 2009 ganó el premio Consagración. ¿Logró superar los prejuicios hacia la música instrumental? "Sí, pero los festivales dependen de dos o tres figuras populares. El resto somos relleno. Hubo una época gloriosa para los instrumentistas, con Ariel Ramírez, Jaime Torres, Cacho Tirao: el público enmudecía. Hoy es más difícil. Yo soy de una camada que trata de que la gente nos preste tanta atención como a los cantores. Ojalá lo logremos".
En Buenos Aires
Mariana Cayón presentará su nuevo disco, "Simplemente", el viernes desde las 22 en el Teatro IFT (Boulogne Sur Mer 549).



















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