
compone al bruto dueño de la taberna que está enamorado de Bella. Rosarino, 38 años, es ingeniero civil, pero lo conquistó la comedia musical.
Marina Zucchi
mzucchi@clarin.com
Entre las biografías anónimas de los 40 artistas que suben a escena en La Bella y la Bestia, el musical de Broadway, en el Opera Citi, hay una que sobresale por lo inusitada: la de Federico Moore, ingeniero civil que descubrió la comedia musical años después de consagrar sus días a la física, la química, el cálculo y otro suculento conglomerado de disciplinas. "¿Qué tienen que ver estos dos terrenos? Todavía me lo estoy preguntando", se ríe.
Rosarino, metro ochenta y seis de altura, 96 kilos y 38 años, el hombre del apellido irlandés es por estos días Gastón, "el vigoréxico, cazador eximio, dueño de la taberna y bruto obsesionado por la única mujer que no repara en él, Bella", explica y tiñe la entrevista de un monólogo cómico.
"Es muy yo el personaje. Describe casi mi vida cuando canto. Casi que no actúo... El tema de las dietas, por ejemplo: él es gigante y yo tengo esta fisonomía después de años de gimnasio. Soy un ropero".
Diez años atrás, mientras "quemaba" sus pestañas entre libro y libro de ingeniería, un amigo lo invitó a participar "de forma amateur" en una puesta doméstica de Los miserables, en un colegió inglés. "El me escuchaba siempre cantar en las fiestas familiares. Y yo estaba a punto de entregar mi tesis", cuenta. "Así, me anoté en una escuela de comedia musical e hice dos años en tres días. Me probaban y me decían, pasá a segundo. O no, mejor a tercero", suelta gracioso.
Luego de formarse en el Estudio de comedias musicales de Rosario y de trabajar en shows basados en fragmentos de reconocidos títulos del género, sintió que "llegaba al techo" y armó las valijas. En Buenos Aires apenas comenzó a investigar sobre clases de canto, baile y actuación, la suerte se le adelantó: "Había dejado mis datos y ya me estaban llamando para presentarme al casting de Aladdin. Y quedé", evoca.
La inmediata seguidilla de convocatorias comprende una participación en una revista de Gerardo Sofovich (Operación Jaja recargada) y hasta una selección de Disney para encarnar a Hércules, en Brasil. "En aquel momento tuve que decidirme: trabajar para esa compañía, para una revista de Nito Artaza o con Enrique Pinti en Pingo argentino. Elegí a Pinti", se emociona.
Maipo, siempre Maipo, de Claudio Segovia (Con Antonio Gasalla) , La rotativa del Maipo, de Ricky Pashkus y La carnicería, de Pedro Velázquez y Carlos Pérez Banega fueron los tres títulos anteriores a La Bella y la Bestia, su gran trampolín, una puesta con 200 cambios de vestuario y 32 cambios de escenografia. "Los que hacemos la obra podemos apreciar otras cosas que sabemos y el público no. Por ejemplo, en el tema Ser humano otra vez, quien escribió, habló de su propia vida, porque se estaba muriendo, no podía moverse y se refería a volver a bailar, sentir, vivir".
Ex alumno de Agustín Alezzo, jura que para ponerse al día con un terreno al que miraba de reojo, llegó a tomar 15 clases por semana. "Clásico, jazz, elongación, contemporáneo.
Mi cabeza funciona muy bien para las matemáticas, pero siento que esto es lo que quiero. Aunque ahora estoy considerando seguir la licenciatura en matemática, porque siento que las neuronas están pidiendo data. Algo está faltando".
Con antepasados irlandeses que emigraron a California y después se desperdigaron por Santa Fe, Moore -"el más petiso de la escuela hasta los 18 años", según jura- tuvo una infancia ligada al hóckey sobre hielo y a la gimnasia deportiva y una adolescencia cercana al fisicoculturismo. "Llegué a pesar más de 110 kg, pero no me servía para el teatro ser el ropero", admite. Y emparenta esa imagen de fortachón en la vida real con la metáfora de la historia de Disney: "No hay que dejarse guiar por las apariencias. La Bestia, finalmente, no es La Bestia que aparenta. Y Gastón, mi personaje, es la belleza absoluta, pero tiene un corazón oscuro".
Mientras le pone el cuerpo a ocho funciones por semana en vacaciones de invierno, sueña con ampliar su horizonte en la ficción televisiva. Pero busca despegarse del arquetipo del robusto. "Sueño con personajes distintos a Hércules o Gastón", confiesa el actor que de tanto cuento con moraleja aprendió a considerar el "envase" apenas un detalle.



















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