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Una ópera con luces y sombras


Manon Lescaut La obra de Puccini sube en una nueva producción de Juventus Lyrica.



Federico Monjeau
fmonjeau@clarin.com


Juventus Lyrica continuó su temporada con la presentación de Manon Lescaut de Giacomo Puccini, inspirada en una novela del abate Prévost y estrenada en 1893 en Turín. Se sabe que hubo muchas manos en el libreto y muchas idas y vueltas en la forma de los cuatro actos de la obra. Tal vez para diferenciarse de Massenet, cuya Manon se había estrenado con éxito en 1884, Puccini hizo avanzar su ópera a los saltos; por lo pronto, suprimió la convivencia de Manon y Des Grieux en París (tal vez la reservó para su obra posterior, La bohème) y pasó directamente del alborotado flechazo amoroso del primer acto al interior de la mansión parisina de Geronte, donde transcurre la aburrida vida de Manon junto al anciano Tesorero General. El tercer acto es el embarque-deportación, y en el cuarto la pareja es arrojada sin más en el desierto norteamericano.

Aunque estos saltos no necesariamente deberían ser acentuados en la puesta. La realización de Ana D’Anna se toma los tres intervalos, y cada uno de ellos insume aproximadamente la mitad del acto previo: dos pausas de 20’ cada una para dos actos de 40’ cada uno, y una tercera pausa de 15’ que separa dos actos de aproximadamente 25’ cada uno. No es una buena economía. El problema no es que la representación se vuelve larga sino que pierde tensión y pierde encanto. Se supone que uno de los grandes desafíos de una realización escénica es salvar esos huecos y crear continuidad aun en el contraste, y aun en un escenario algo limitado como el del Avenida.

Tampoco convence el desarrollo actoral del segundo acto, sin duda el corazón de esta ópera: cuando irrumpe Des Grieux en el palacete de Geronte, Manon se le pega como una estampilla y no para de besarlo. No hay distancia, ni medios términos.

La realización musical es acertada. La soprano Eugenia Fuente (Manon) y Darío Sayegh (Des Grieux) destacan en medio de un reparto correcto en líneas generales, que completaron en los roles principales Sebastián Angulegui como Lescaut, Mario de Salvo como Geronte y Sebastián Russo como Edmundo. Eugenia Fuente sobresalió desde el inicio; luego de un debut un tanto errático, Sayegh tuvo un notable crecimiento musical a partir del segundo acto.

La dirección de Antonio María Russo fue prolija. La orquesta respondió con altura y ofreció un bellísimo intermezzo (preludio al acto III). El coro, tan protagónico en los actos I y III, tuvo una actuación irreprochable.
 
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