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Martín Mauri "Me animo a pasar los límites"


A los 26 años, el cronista estrella de "GPS" ha tenido que involucrarse en riñas callejeras y demás notas riesgosas. O de dudoso gusto. Quería ser médico, pero abandonó la carrera para volcarse a la radio y la TV. Además, es bajista en una banda.

Guillermo Zaccagnini
gzaccagnini@clarin.com


No están ensañados conmigo, eh". Martín Mauri es el cronista estrella de GPS, el ciclo periodístico de América, que lo hace caminar pasillos villeros o registrar riñas bolicheras semana tras semana. Como un Facundo Arana del gonzo -ya debe estar harto de la referencia- reflexiona: "El hombre no debería depilarse". Es que si es cierto que en el periodismo televisivo actual hay que ponerle el cuerpo a la nota, Martín dice que de todo tiene que vivir un poquito. "Hicimos una nota de depilación masculina y venía la depilación al cronista. Fue muy doloroso. Se me infectó, me destruyó. Si el pelo está ahí es por alguna razón".

Comenzó a trabajar en televisión a fines de 2005, en América, como asistente de producción de Informe central. Tras el recorrido típico, terminó como cronista de Crónicas extremas. "Empecé a estudiar medicina en la UBA, pero dejé porque me gustaba mucho hacer radio". Abandonó Medicina y se cambió a un terciario para estudiar Producción de Radio y TV. Ahora, a los 26 años, se encarga de las notas periféricas de GPS. "Me divierte hacerlas. En el momento, por supuesto que me cuesta. Pero la peor parte viene cuando las veo al aire. Igual me río... Siempre con un Fernet en la mano". En su otra vida, es bajista de una banda que fusiona cumbia, candombe, pop y samba.

Por trabajo terminó en un avión de acrobacias y en tanga sobre un escenario de Pinar de Rocha. "Me animo a pasar los límites. Jamás me había desnudado en público, no tengo dotes para bailar ni soy atractivo sin ropa. Bailar en el caño fue una experiencia interesante. Imaginate, yo como stripper, con mis pelos, tratando de hacer algo más o menos pasable. También participé de un partido de fútbol entre strippers y travestis. Fue divertido, pero las chicas trans no estaban muy motivadas a la hora del partido. Yo hice lo mejor que pude, pero perdimos por goleada".

Tal vez culpa de cierto periodismo, el borracho arruinado, el villero con problemas domésticos y algún otro personaje de la galería post-apocalíptica del conurbano son carne del show. "¿Sabés qué pasa? Es como la pregunta de siempre: ¿qué está primero? ¿Lo que un programa ofrece o lo que la gente quiere ver? Entiendo lo que vos decís, pero no te puedo contestar nada. Hay muchas cosas que critico que también me divierten. Por ahí yo tengo ubicada la televisión en un lugar en que la gente no la ubica, tal vez porque trabajo ahí.

Creo que la televisión es entretenimiento. Entonces, cuando veo un borracho pido respeto, pero, por otro lado, mirá la sociedad de la que soy parte".

Ya es habitual verlo cerca de una riña callejera en la puerta de un boliche. "Con el tiempo mi trabajo se convirtió en el de conciliar", cuenta. "Con los pibes está todo bien, pero últimamente está todo mal con los dueños de los boliches.

Bueno, hay de todo: está el que te invita un trago y `chicos, pasen’ y está el que viene con tres patovicas a rajarte. `Voy a llamar a la Policía, vos no me podés grabar’ y así. Si vos no querés salir, quedate adentro, piola, estamos en la calle, laburando. Yo no digo que los dueños de los boliches sean los responsables del quilombo que se arme.

Pero si le vendés todo el alcohol del mundo al que tiene ganas de pelearse...

Absolutamente. Por lo menos no estás haciendo todo lo posible para que eso no pase. ¿Sabés cuál te hacen ahora en los boliches? Llegamos y les cierran la puerta a los pibes y les dicen que por nuestra culpa no pueden entrar. ¡Imaginate! Tenés a veinte muchachos preparados para la guerra y `¿Ves a ese rubio?’. Esos chicos van a querer charlar con vos, claramente.
 
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