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Rafael Ferro Es el actor de "Ciega a citas"


Dice que se aburre haciendo siempre lo mismo y que la comodidad es peligrosa.


Sandra Commisso
scommisso@clarin.com


Inquietud. Ese es el estado en el que parece moverse mejor Rafael Ferro. "Para mí, la palabra comodidad es peligrosísima. Cuando veo que estoy muy instalado, empiezo a moverme, me dan ganas todo el tiempo de empezar de cero, como estar desnudo y arrancar de nuevo, no quedarme con lo que se supone es algo ya sabido, incluso poder saber que algo te va a salir mal, fracasar. Si perdés eso, es la muerte", dice. Por eso le interesó meterse en la piel de un antigalán como Marcelo Ugly, el personaje que interpreta en Ciega a citas (Canal 7). "El tipo es tímido, apático, pero es franco y sabe escuchar. Quería probar esto de ser el galán, pero no me veía en el modelo clásico. Por eso me gustó Ugly que es un looser. Yo venía haciendo personajes más densos como en El tiempo no para o grotescos como el Gastón de Lalola.

Los malos me divierten por esa impunidad que tienen, pueden hacer cualquier cosa, total están locos. Acá no me puedo salir de la vaina", sostiene. Un leve filo de humor lo acerca un poco a su criatura. Y le sorprende que el público femenino de la tira (que se identifica con las desventuras de la Lucía que encarna Muriel Santa Ana) lo haya colocado como objeto de deseo."Cuando recién arrancó la tira quería ir a un evento, salir a la calle para ver qué pasaba con el personaje. Y vi que funcionaba".

Ferro confiesa que se siente abordado con mucha facilidad por el aburrimiento. Y que eso lo lleva a cambiar de rumbo como cuando a los veinte y pico dejó su exitosa carrera de jugador profesional de squash en Alemania. "En la última etapa era como un showman más que un jugador. Si discutía con el árbitro le actuaba, hacía una performance".

Esa época también coincide con una etapa de descontrol que ya quedó atrás. "Ahora tengo tres hijos y eso me conecta con cosas más saludables que puedo compartir con ellos".

De ahí pasó a formar parte de De La Guarda y más tarde el deportista mutó completamente en actor. "Pero ahora ya estoy bastante aburrido. Pero está bueno, porque eso te hace mover. Yo necesito buscar cosas, autogenerar, aunque sean una mierda, pero que sean propias. Ahora empecé un taller de teatro y estoy escribiendo algo para tele con Luis Ziembrowski, bastante bizarro, en nuestro código. No hay que perder eso, porque hacer una tira, para un actor, por más innovadora que sea, es lo más cercano a la oficina pública. Y yo necesito algo que me haga pensar, explorar otros lenguajes". En ese camino, alguna vez cree que intentará dirigir cine. O escribirá una novela. Porque la literatura es otra de sus pasiones. "Escribo cositas desde chico, pero me doy cuenta de que soy pésimo escribiendo, y además, vago porque siempre digo me voy a poner. Y lo hacés o no lo hacés. Pero gozo como loco leyendo, soy medio compulsivo, cuando me engancho con un autor lo agoto, leo todo". Entre sus lecturas recientes aparecen Joao Gilberto Nol, Roberto Bolaño, Martín Kohan, Sergio Olguín, Guillermo Saccomano. La literatura es tan influyente en su vida que a su hijo menor, Antonio, lo bautizó así por Antonio Di Benedetto. "Su novela Los suicidas es uno de mis libros favoritos.

En realidad hay temas como la locura, el amor difícil, la muerte, me atraen. Son cuestiones en las que uno nunca sabe cuáles son sus límites".

Hace poco tuvo que refrescar sus conocimientos del idioma alemán para trabajar en dos películas. "Una la filmé en Alemania y la otra, acá. Eso también fue un desafío, porque al estar pendiente del idioma no sabés si estás actuando mejor o peor. Todo lo que te corra un poco de lo habitual es interesante". De buen humor, se entusiama hablando de su oficio.

"Como decía Marcelo Mastroianni, el de actor es el mejor oficio del mundo: hoy sos bombero, mañana, rey y pasado, ladrón. Pero el riesgo es que te quedes colgado con una escena y la sigas en la vida real. Yo más de una vez me encontré en casa diciendo ¡otra vez ñoquis!, pero en cuatro tonos más altos". Pero hay un lado oscuro: "Algo que no me gusta de este trabajo es perder la intimidad. Hay gente que no tiene problemas con eso; no los critico pero a mí, no me excita.

El riesgo es que armás tanto un personaje para el resto del mundo, que te diluís. La notoriedad te puede comer, no es fácil de manejar. La tele, con su exposición tan alta, te lleva a que te mires más segundos de los debidos en el espejo. En el teatro pasa mucho menos, es más íntimo". A los 44 años, la búsqueda también es en lo personal. "No me resulta fácil sostener una pareja.

Igual que en otros aspectos, me aburro de lo instalado.

Ahora estoy tratando de aprender, de no caer en la chatura". El horizonte de Ferro es un amplio -y estimulanteenigma. "Me gusta que me pasen estas cosas ahora. Si tenés 20 años y te explota la fama, lo mediático, después te quedás como rengo, confundido. De grande, tenés algo más sólido construido. Yo querría convertirme en un gran actor y me doy cuenta de que no lo estoy logrando. Por eso sigo buscando y aprendiendo. Ojalá pueda pegar un gran papel a los 60 años. Me encantaría".
 
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