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Piazzolla, un desafío complicado


Tributo al compositor Fernando Tarrés presentó una de los encargos especiales del Buenos Aires Jazz.09.

Federico Monjeau
fmonjeau@clarin.com

Fernando Tarrés presentó en La Trastienda su Tributo a Astor Piazzolla, una de las músicas especialmente encargadas para esta nueva edición del Festival de Jazz. El concierto fue presentado por el director artístico del Buenos Aires Jazz.09, el pianista Adrián Iaies, quien remarcó la importancia de las comisiones como uno de los hechos principales de un Festival que, entre otras cosas, busca crear y documentar sus propias producciones. Iaies aludió también a la filosofía de estos encargos, que es la de poner en relación universos que no están demasiado próximos; aunque uno podría decir que ese principio no se aplica en este caso. En cierta forma Tarrés viene tributando a Piazzolla hace ya un cierto tiempo, como puede advertirse claramente en su disco Perplexity, de 2007, y también desde antes.

Esta observación carecería por completo de importancia si no fuese porque tiene que ver con el enfoque y el punto de vista adoptado por Tarrés. Su Tributo consiste en una relectura de un conjunto de tangos de Piazzolla como Invierno Porteño, Coral, Buenos Aires Hora Cero, Deus Xango y otros, en versión de noneto. Más que uno noneto, se trata en verdad de dos cuartetos: uno de cuerdas (dos violines, viola y chelo) y otro de jazz (saxo tenor que alterna con soprano, guitarra, contrabajo y batería), con Tarrés (guitarra española) oficiando de director musical y de nexo entre ambos. Como observó el guitarrista al presentar a los músicos, en esta oportunidad se convocó a unas cuerdas que supieran efectivamente tocar tango: Damián Bolotín, Sebastián Prusak en violines, Eduardo Peroni en viola y Nicolás Rossi en chelo, mientras que el cuarteto de jazz lo integraron los músicos de su planta habitual: Rodrigo Domínguez en saxos, Juan Pablo Arredondo en guitarra (y en voz, debería agregarse, ya que este músico tiene la costumbre de doblar con la voz todas las notas que toca en la guitarra), Jerónimo Carmona en contrabajo y Carto Brandán en batería.

La idea de dos grupos estilísticamente confrontados no es necesariamente improductiva, desde luego, pero en este caso no se concretó del todo bien. Después de todo, ¿por qué convocar a músicos de tango?, ¿por qué hay que tocar "en estilo"? En fin, se llamó a los músicos de cuerda que manejan los efectos de Piazzolla y una vez más tuvimos que oír sus característicos glissandi, entre otras cosas. La música de Piazzolla es como una fuerza que nos lleva siempre para el mismo lado, y tal vez el mejor tributo que se le podría rendir sería dejarla descansar por un tiempo.

A pesar de las adversidades del punto de partida (música de Piazzolla, músicos de tango, un gigantesco estereotipo), Tarrés es un músico demasiado bueno como para dejarse aplastar por esa fuerza, y no es poco lo que logra, sobre todo cuando la música se apoya en el tiempo liso (no pulsado) del cuarteto de jazz y se vuelve más abstracta y más flotante.

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